El ajedrez, a escena

Paloma Díaz Sotero – PENSAR PARA MEJORAR – El Mundo

Adriana Salazar y Leontxo García dieron una lección magistral de cómo se puede compartir una partida de ajedrez con una multitud y que, ésta sin tener que saber necesariamente jugar al ajedrez, disfrute con ello.

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Lo hicieron de dos modos. Primero, repasaron de viva voz la partida histórica entre Paul Morphy y, frente a él, el conde de Issouard y el duque de Brunswick. Repasaron, una a una, las jugadas transmitiendo una emoción que para sí quisieran muchas películas de intriga. Para el que no sepa jugar, aquello era un batiburrillo de letras y números (cada escaque tiene una y uno). Pero era hermoso. Eran como dos jugadores moviendo sólo las piezas en su mente, haciéndolas flotar en su apasionado diálogo. Y las jugadas las iban combinando con lecciones de ajedrez, incluso con pedagogía del ajedrez (ambos se dedican a eso, precisamente). El vídeo es una pequeña muestra…

Dice Leontxo que aquella partida, que duró 17 minutos, es una de las más bellas de la Historia, con una de las combinaciones más brillantes. La jugaron en el entreacto de El Babero de Sevilla en la Ópera de París allá por 1858.

Después del ‘duelo’, Adriana Salazar retó al público a echar una partida a ciegas (ella). En la pantalla gigante del escenario, un tablero con peones sólo; Adriana, de espaldas. Una persona del público hacía una jugada. Y ella, a ciegas, otra. Luego, cuando el tablero ya tenía todos los peones en juego, Adriana recordó la posición de todos y cada uno de ellos en cada escaque, dejando al público totalmente epatado.

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Salazar, licenciada en Lingüística y Literatura, es Maestra Internacional de Ajedrez FIDE y nueve veces campeona en su país, Colombia, además de haber participado en seis olimpiadas y dos mundiales. Pero su pasión es el ajedrez aplicado a la enseñanza, a la pedagogía en el aula. Su método Ajedrez en el Aula suma casi dos décadas de éxito y se aplica en 150 colegios españoles. Tiene constatada la mejora de los alumnos en todas las áreas cognitivas gracias a la enseñanza de este deporte desde los dos años, cuando lo que hace con los niños es que jueguen y se muevan en un tablero gigante puesto en el suelo. Los movimientos del ajedrez deben ser corporales a esas edades, como todo lo que se enseña, asegura. Y el tablero, más adelante (con 4 años), “un mundo de vainilla y chocolate” en el que los peones se comen con la boca torcida (porque comen en diagonal).

Se le “saltan las lágrimas” cuando ve a una clase entera de 5º de Primaria (10 años) discutiendo una jugada con el profesor con el ya mencionado batiburrillo de letras y números. …O cuando ve a un niño enseñando a otro. O cuando hacen autocrítica después de una partida.

“El ajedrez ayuda en el aula y en la vida”, afirma convencida por la evidencia vivida.

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@pdsotero

 

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