Del ajedrez considerado como una de las bellas artes

pase arte

jueves, 30 de julio de 2015  – Un artículo de Eduardo Lorenzo.

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El pasado domingo 26 de julio a las 20:00, en la sala VIP del Gran Hotel Lakua de la capital alavesa, el reconocido periodista irunés Leontxo García Olasagasti ofreció una novedosa conferencia audiovisual titulada “Ajedrez y arte, la conexión mágica”, acto que formó parte de las actividades relacionadas con Expochess Vitoria-Gasteiz 2015, “La cultura transversal del ajedrez”

Leontxo, como es sobradamente conocido, forma parte del selecto grupo de profesionales que ha conseguido compaginar dos pasiones confesas (el ajedrez y el periodismo) y, lo que es más difícil, ganarse legalmente la vida con ellas. De su extensa labor actual destacaré sus artículos en El País  y sus colaboraciones en Chessbase.

El ponente, en el tono didáctico y cordial a que nos tiene acostumbrados, acometió la tarea de condensar en hora y cuarto la riqueza que el ajedrez atesora y su íntima relación con el arte en general: música, literatura, teatro, cine… Para ello optó por un formato ameno y estimulante, resaltando las influencias y préstamos entre ajedrez y mundo artístico con el uso de música e imágenes relacionadas con el contenido de la charla.

CK3CP0XWEAILp1jImagen cortesía de Expochess.

Leontxo incidió especialmente en la idea de transversalidad de artes y ajedrez: por ejemplo, la existencia de ajedrecistas-músicos (Philidor, Smyslov, Taimanov) y músicos-ajedrecistas (Yepes, Prokofiev, Oistrakh); la presencia del ajedrez en la obra literaria de Stefan Zweig o Pérez-Reverte; incluso se mencionó como curiosidad la ópera rock “Chess”, estrenada en 1984.

El ajedrez es un campo fértil para el anecdotario, tanto por los sugerentes personajes que lo habitan como por su propias características, que lo hacen tan atractivo para el literato o el psicólogo. Sobre ese “cuerpo a cuerpo entre dos laberintos”, como afirmaba André Breton, o “ese vicio solitario de dos en compañía”, según Ricardo Gullón, nuestro ponente nos recordó la intensa relación que entre dos personas se establece ante un tablero, durante horas y sin que medie palabra o contacto físico entre ellas.

ajedrez_y_ciencia_pasiones_mezcladasPortada del libro Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas, escrito por Leontxo García.

Algunas de las principales ideas expuestas por Leontxo en la referida conferencia se pueden rastrear en su libro “Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas” (editorial Crítica; primera edición, Barcelona, 2013), obra cuya lectura recomiendo al aficionado y al curioso. Recuerdo su tesis sobre las veinticuatro cualidades físicas y psíquicas que favorece el ajedrez: “(…) concentración, memoria, razonamiento lógico, pensamiento científico, autocrítica, responsabilidad personal, motivación, autoestima, planificación, previsión de consecuencias, capacidad de cálculo, imaginación, creatividad, paciencia, disciplina, tenacidad, atención a varias cosas a la vez, cálculo de riesgos, deportividad, sangre fría, cumplimiento de las reglas, respeto al adversario, visión espacial y combatividad” (página 139). Casi nada.

Leontxo es bien conocido como propagandista infatigable del ajedrez tanto en el ámbito de la educación de la infancia como en la lucha contra las enfermedades neurodegenerativas. En este sentido ecuménico suele hacer referencia a un viejo refrán hindú: “El ajedrez es un mar en el cual un mosquito puede beber y un elefante puede bañarse”.

El lector avisado seguro que se habrá percatado de que el título del presente artículo parafrasea un célebre ensayo del escritor inglés Thomas de Quincey (1785-1859). Reconozco que no es de gran originalidad, pero me permite plantearme la nuclear cuestión: 

¿puede considerarse el ajedrez como una de las bellas artes?

JUEGOS ajedrez librescoTítulo: 'Your Move' Autor: Jonathan Wolstenholme

Sin entrar en el eterno debate sobre si es un mero juego, un deporte, una ciencia o un arte, sin duda existe una íntima relación entre el placer estético que proporciona al aficionado (no necesariamente experto) un bello remate ajedrecístico y ese je ne sais quoi que provocan otras manifestaciones artísticas y vitales. A fin de cuentas, como nos recordó el disertador citando al gran maestro alemán Siegbert Tarrasch (1862-1934): “El ajedrez, como el amor y la música, hace felices a quienes lo practican”. Felicidad que nos proporciona también Leontxo García con su labor divulgativa que desde aquí recomiendo vivamente.

Desearía agregar como final otra cita del doctor Tarrasch: “El ajedrez es una forma de producción intelectual que tiene su encanto peculiar. La producción intelectual es una de las grandes satisfacciones -sino la mayor- al alcance del hombre. No todos pueden componer una pieza musical inspirada o construir un puente; sin embargo, en ajedrez todo el mundo es intelectualmente productivo y, por consiguiente, cada persona que lo practica puede experimental una satisfacción”.

         Contenido extra: 101 mates de película. Vídeo cortesía de Tavilis

He invitado a escribir este articulo a Eduardo por sus conocimientos en arte, historia y ajedrez.

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Eduardo Lorenzo es jurista, historiador y aficionado al ajedrez.
 
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Krahe

Javier fue un juglar moderno y, más que un compositor de canciones, un poeta de la noche y de la vida

Julio Llamazares – El país 13-07-2015

Javier_Krahe chessJavier Krahe y el ajedrez

Durante años he tenido el privilegio de compartir las noches de los lunes tablero de ajedrez y barra de bar (la del Café Estar del barrio de Malasaña, en Madrid) con Javier Krahe, una de las personas más singulares que he conocido en mi vida. Si en el ajedrez su capacidad variaba en función de los whiskys que hubiese tomado ya, en la conversación de barra de bar, esa modalidad tan difícil de la dialéctica entretenida entre personas del mismo o distinto sexo, su brillantez aumentaba, por el contrario, con el alcohol. Pedro Sauquillo, el impasible barman de un bar que vive sus últimas horas por la inminente jubilación del dueño y compañero y amigo de Javier Krahe desde tiempos históricos, puede dar fe de la inteligencia, capacidad de fabulación y de sorprender, rapidez de reflejos y originalidad de pensamiento de un hombre que, más que cantautor, fue un juglar moderno y, más que un compositor de canciones, un poeta de la noche y de la vida. Qué más quisiera que serlo yo también para poder reproducir una de aquellas conversaciones de madrugada que derivaban bastantes veces hacia el monólogo ante la incapacidad del resto de los presentes de seguirle el ritmo a Krahe tanto en la originalidad de los puntos de vista como en la variedad de los temas de conversación, sobre todo a medida que la noche iba avanzando.

Como habrá muchas personas que hoy y los días que seguirán contarán su trayectoria como músico, como persona y como personaje como consecuencia de su muerte ayer en Zahara de los Atunes, su retiro veraniego frente al mar, que es por lo que también escribo yo esta canción sin música, me limitaré a recordarlo como él hacía con los clientes del bar que también murieron o que desaparecieron para siempre en las brumas de la noche: con escepticismo y sin ningún énfasis, pidiendo una nueva copa y el tablero de ajedrez y brindando con ellos por la vida y por la muerte, esas dos caras de una moneda que todos llevamos en los bolsillos desde que nacemos y con la que vamos pagando mientras vivimos el tiempo de nuestra existencia hasta que se nos acaba del todo, como a Krahe ayer frente al mar de Cádiz. Y, eso sí, me gustaría pedir a quien corresponda, familiares o autoridades o simples amigos o admiradores, que, a modo de recordatorio, en algún lugar de Madrid, la ciudad que tanto vivió, se pusiera una placa con los dos versos que mejor definieron a Krahe como personaje y que todos deberíamos aprender de memoria para que el fracaso no se nos suba a la cabeza nunca: “Y yo que perseguía la gloria de Cervantes / heme aquí, en la glorieta de Quevedo”.

julio LlamazaresPor Julio Llamazares - OPINIÓN - El País

 

 

Pérez-Reverte: «Yo voy al ajedrez como quien va a misa»

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Publicado por Federico Marín Bellón el jun 23, 2015 – JUGAR CON CABEZA – ABC

La afición de Arturo Pérez-Reverte al ajedrez es uno de los secretos peor guardados de la historia de la literatura. El escritor es un asiduo a los torneos, dentro y fuera de España, y varias de sus novelas están dedicadas en alguna medida a este juego, afición que heredó de su padre. Por cortesía de David Kaufmann, máximo responsable de Chess Live, publico la entrevista que le hizo en el reciente torneo de León. Por aquellas tierras venció el chino Yi Wei, a quien Pérez-Reverte bautizó como «el témpano de Jiangsú», impresionado por su sangre fría.

En la entrevista, Arturo Pérez-Reverte cuenta que es hijo de «jugador empedernido» y recuerda largas tardes en casa, entre marinos, rodeado de ajedrez, humo de tabaco y pipas. «Después, la vida que llevé me hizo intuir que en el ajedrez había respuestas a ciertas cosas a las que yo me enfrentaba en la vida normal. Palabras como soledad, fracaso, victoria, horror, dolor, muerte, vida…, que después como reportero de guerra fui desarrollando».

SAQUEArturo Pérez-reverte realizó el «saque de honor» de la 2ª semifinal, disputada por Wwi Yi y David Antón

El autor de «El tango de la Guardia Vieja», una de sus novelas ajedrecísticas, habla también del aspecto casi místico o religioso del juego. «Mientras que hay gente que va a misa a buscar explicaciones o consuelo para la vida, yo todo eso lo encuentro todavía en el ajedrez. Yo voy al ajedrez como quien va a misa. Soy un mal jugador, soy mediocre, pero me produce fascinación, un estado espiritual muy intenso, me aviva la lucidez. Por eso he recurrido a él como materia narrativa en mis novelas y le debo muchas cosas».

3Pérez-Reverte, de nuevo en León, con Marcelino Sión, director del torneo

¿Qué le ha aportado? «Para mí simboliza cosas que van mucho más allá del tablero y las piezas, cosas que tienen que ver con aspectos muy íntimos del ser humano y con explicaciones de la naturaleza incluso: ¿por qué el mundo es como es?, ¿por qué hay crueldad?, ¿por qué hay dolor?, ¿por qué hay felicidad? Cuando miro un tablero, a mí me ayuda a entender, me ayuda a consolarme. El ajedrez es muy útil para mí. Es una herramienta práctica a la que me asomo de vez en cuando cuando necesito consuelo, lucidez, explicaciones o esperanza.

Arturo Pérez-Reverte termina con un consejo para los niños de entre siete y diez años: que se dediquen durante algún tiempo al ajedrez. «Después seguirán o no seguirán, jugarán mejor o peor, serán buenos o malos, pero el conocimiento, familiarizarse con las piezas y con el juego, saber perder con elegancia… Hay un montón de comportamientos y virtudes que un niño encuentra en el ajedrez».

Federico_Marin_Bellon_Neil_Stoddart--644x362Federico Marín Bellón 
Jugar con Cabeza - ABC

 

El ajedrez, a escena

Paloma Díaz Sotero – PENSAR PARA MEJORAR – El Mundo

Adriana Salazar y Leontxo García dieron una lección magistral de cómo se puede compartir una partida de ajedrez con una multitud y que, ésta sin tener que saber necesariamente jugar al ajedrez, disfrute con ello.

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Lo hicieron de dos modos. Primero, repasaron de viva voz la partida histórica entre Paul Morphy y, frente a él, el conde de Issouard y el duque de Brunswick. Repasaron, una a una, las jugadas transmitiendo una emoción que para sí quisieran muchas películas de intriga. Para el que no sepa jugar, aquello era un batiburrillo de letras y números (cada escaque tiene una y uno). Pero era hermoso. Eran como dos jugadores moviendo sólo las piezas en su mente, haciéndolas flotar en su apasionado diálogo. Y las jugadas las iban combinando con lecciones de ajedrez, incluso con pedagogía del ajedrez (ambos se dedican a eso, precisamente). El vídeo es una pequeña muestra…

Dice Leontxo que aquella partida, que duró 17 minutos, es una de las más bellas de la Historia, con una de las combinaciones más brillantes. La jugaron en el entreacto de El Babero de Sevilla en la Ópera de París allá por 1858.

Después del ‘duelo’, Adriana Salazar retó al público a echar una partida a ciegas (ella). En la pantalla gigante del escenario, un tablero con peones sólo; Adriana, de espaldas. Una persona del público hacía una jugada. Y ella, a ciegas, otra. Luego, cuando el tablero ya tenía todos los peones en juego, Adriana recordó la posición de todos y cada uno de ellos en cada escaque, dejando al público totalmente epatado.

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Salazar, licenciada en Lingüística y Literatura, es Maestra Internacional de Ajedrez FIDE y nueve veces campeona en su país, Colombia, además de haber participado en seis olimpiadas y dos mundiales. Pero su pasión es el ajedrez aplicado a la enseñanza, a la pedagogía en el aula. Su método Ajedrez en el Aula suma casi dos décadas de éxito y se aplica en 150 colegios españoles. Tiene constatada la mejora de los alumnos en todas las áreas cognitivas gracias a la enseñanza de este deporte desde los dos años, cuando lo que hace con los niños es que jueguen y se muevan en un tablero gigante puesto en el suelo. Los movimientos del ajedrez deben ser corporales a esas edades, como todo lo que se enseña, asegura. Y el tablero, más adelante (con 4 años), “un mundo de vainilla y chocolate” en el que los peones se comen con la boca torcida (porque comen en diagonal).

Se le “saltan las lágrimas” cuando ve a una clase entera de 5º de Primaria (10 años) discutiendo una jugada con el profesor con el ya mencionado batiburrillo de letras y números. …O cuando ve a un niño enseñando a otro. O cuando hacen autocrítica después de una partida.

“El ajedrez ayuda en el aula y en la vida”, afirma convencida por la evidencia vivida.

Más información en:

@pdsotero